Fray Nicolau Eimeric actuó de inquisidor General de Aragón durante la segunda mitad del siglo. Autor del famoso Directorium Inquisitorum, tuvo una especial inquina en perseguir lulistas, a los que dedicó su Diálogo contra los lulistas.
Estando en el centenario de su nacimiento, y el de la muerte del beato Ramón Llull, parece oportuno repasar su vida y escritos, a fin de mostrar los claroscuros de su obra y de sua acción inquisitorial.
Tras la comisión presidida por el Cardenal Tavera en 1540 para establecer una serie de medidas destinadas a la atención de los mendicantes, Domingo de Soto, que había dado su conformidad a esas disposiciones, escribió este breve tratado ya que, a su modo de ver, no se había reflejado bien lo acordado. La ponencia indaga en el sentido del texto y en el ejercicio de autotraducción (latín-castellano) del teólogo dominico.
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Con esta contribución pretendemos dar a conocer una de las obras más interesantes de entre las publicadas por misiones españoles en Indias, el Arte de la lengua mixteca (1593), del dominico Antonio de los Reyes, reeditada en Puebla (México) en 1750 y en Francia en 1889.
La lengua mixteca es una lengua indígena precolonial hablada en la llamada Mixteca mexicana, cercana a la actual ciudad de Puebla, que poseía incluso diversos dialectos, como sabemos gracias a la Doctrina en lengua mixteca de otro dominico, Fray Benito Fernández, una obra de naturaleza doctrinal destinada a la evangelización y publicada en 1567 y 1568 en variantes distintas de la lengua mixteca. Nuestra intención es analizar la obra de Antonio los Reyes desde el punto de vista de dicho contenido doctrinal, como ya hiciéramos con el Arte de la lengua de Michoacán del fraile franciscano Maturino Gilberti, es decir, analizando cómo se trasvasan los conceptos cristianos a las lenguas indígenas y a las gramáticas sobre las mismas elaboradas por los misioneros españoles.
El Arte se compone de 28 capítulos dedicados a las partes de la oración, los sustantivos, los pronombres, los verbos -a cuya complejidad dedica un total de 16 capítulos-, las preposiciones, los adverbios, las interjecciones y las conjunciones, e incluye cuatro breves glosarios sobre nombres y verbos reverenciales, las partes del cuerpo humano, nombres de parentesco y toponimia, todo una arte gramatical precedido de un prólogo explicativo sobre las seis variantes dialectales del mixteco y un preámbulo sobre la ortografía y el modo de hablar y escribir dicha lengua. Su contenido léxico aparece asimismo recogido en el Vocabulario en lengua mixteca publicado también en 1593 por otro fraile dominico, Francisco de Alvarado, que precede su obra de un “Vocabulario” elaborado a partir de la obra de Antonio de los Reyes, lo que, sin duda, nos ayudará asimismo a elaborar nuestro estudio léxico-semántico.
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Con esta contribución pretendemos dar a conocer una de las obras más interesantes de entre las publicadas por misiones españoles en Indias, el Arte de la lengua mixteca (1593), del dominico Antonio de los Reyes, reeditada en Puebla (México) en 1750 y en Francia en 1889.
La lengua mixteca es una lengua indígena pre-colonial hablada en la llamada Mixteca mexicana, cercana a la actual ciudad de Puebla, que poseía incluso diversos dialectos, como sabemos gracias a la Doctrina en lengua mixteca de otro dominico, Fray Benito Fernández, una obra de naturaleza doctrinal destinada a la evangelización y publicada en 1567 y 1568 en variantes distintas de la lengua mixteca. Nuestra intención es analizar la obra de Antonio los Reyes desde el punto de vista de dicho contenido doctrinal, como ya hiciéramos con el Arte de la lengua de Michoacán del fraile franciscano Maturino Gilberti, es decir, analizando cómo se trasvasan los conceptos cristianos a las lenguas indígenas y a las gramáticas sobre las mismas elaboradas por los misioneros españoles.
El Arte se compone de 28 capítulos dedicados a las partes de la oración, los sustantivos, los pronombres, los verbos -a cuya complejidad dedica un total de 16 capítulos-, las preposiciones, los adverbios, las interjecciones y las conjunciones, e incluye cuatro breves glosarios sobre nombres y verbos reverenciales, las partes del cuerpo humano, nombres de parentesco y toponimia, todo una arte gramatical precedido de un prólogo explicativo sobre las seis variantes dialectales del mixteco y un preámbulo sobre la ortografía y el modo de hablar y escribir dicha lengua. Su contenido léxico aparece asimismo recogido en el Vocabulario en lengua mixteca publicado también en 1593 por otro fraile dominico, Francisco de Alvarado, que precede su obra de un “Vocabulario” elaborado a partir de la obra de Antonio de los Reyes, lo que, sin duda, nos ayudará asimismo a elaborar nuestro estudio léxico-semántico.
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La primera información de este raro libro, del que existen únicamente dos ejemplares, la obtuve de Joaquín García Icazbalceta, en su Bibliografía mexicana del siglo XVI. El ejemplar era de su propiedad. Recientemente he dado con otro ejemplar en la Biblioteca del la Universidad Complutense: B. Histórica, Fondo Antiguo: BH FLL 18892.
Las informaciones sobre el autor se ciñen sólo a su libro. Probablemente nacido en España, Pasó a América, y fue destinado a la misión entre los indios chuchones, en el convento de Tepexic de la Seda (hoy Tepexi de Rodríguez); antes había estado en el de Coixtalhuaca. Llegó a dominar la lengua chuchona, y se decidió por escribir esta doctrina: serviría para la mejor evangelización de los indios y ayudaría a futuros dominicos que fueran destinados a esa misión. Era una zona poco evangelizada, por la dificultad particular de la lengua, y otros pueblos disponían para entonces, (1580) de textos en sus lenguas respectivas.
El título es: Cartilla y doctrina christiana, breve y compendiosa, para enseñar los niños ciertas preguntas tocantes a la dicha Doctrina, por manera de diálogo: traduzida, compuesta, ordenada y romançada en la lengua Chuchona del pueblo de Tepexic de la Seda, por el muy reuerendo Padre fray Bartholomé Roldán, de la orden del glorioso Padre Sancto Domingo, Con licencia. En México, En casa de Pedro Ocharte, MDLXXX. Es un libro paginado en romanos, de 64 folios (128 páginas), compuesto en su mayor parte en letra gótica, al que le faltan las últimas ocho páginas.
Preliminares aparte, se estructura en tres partes:
1 - Cartilla para enseñar a leer los niños (Abecedario y silabeo en castellano).
2- Cartilla latina de la doctrina cristiana. Triple: latina, castellana y chuchón.
3 - Preguntas tocantes a la doctrina, (en Chuchon y en romance).
A pesar de que faltan las últimas páginas, es posible conocer lo que contenían, por la descripción de Icazbalceta.
Las fechas de aprobación del texto (aprobación de la orden, del arzobispado y licencia civil) giran en torno a junio y julio de 1580. Pero hay una censura anterior, sobre la lengua chuchona, de diciembre de 1570. Se terminó de imprimir el 10 de octubre de ese año.
Aunque el título afirma que está destinado a los niños, el examen de la obra revela que incluye a los adultos (por ejemplo, con el formulario para el bautismo, y el del matrimonio). Hay otros destinatarios velados: los dominicos que fueran destinados en el futuro a esa región, que podrían utilizarlo con ventaja.
Intercala unas anotaciones de dos tipos: unas indicaciones de orden (“Ya hemos visto...”) y unas advertencias que sugieren posibles ampliaciones («Aqui declare el maestro que cosa es peccado original, y declare referiendo lo que paso en el Parayso terrenal»). En la tercera parte, dialogada, parece que el diálogo es entre dos, pero está sugerida la figura del maestro, como tercer asistente.
Tiene muchos grabados, de los que destaco un calvario (en portada y colofón), una imagen de san Bartolomé, y también la oportunidad de situar muchos grabados como complemento visual de lo que el texto presenta, con oportunidad pedagógica.
El ejemplar madrileño tiene un par de errores de paginación (falta en el f. XV, y está mutilado en el LXIIII, pues se lee sólo LXII). Sin embargo, el ejemplar que poseyó Icazbalceta tenía otros errores en la paginación, que señala, pero que no aparecen en el de Madrid. Esto quiere decir que en la imprenta advirtieron el error y lo subsanaron. Pero no así con el del f. XV, porque el ejemplar de Icazbalceta carece del pliego B. Esto quiere decir que existen dos únicos ejemplares; ambos incompletos, pero que se complementan mutuamente. Icazbalceta señaló en su momento: «No sé de otro libro impreso en lengua chuchona». Ésta es lengua extinta. Por tanto sólo se conoce a partir del único impreso, en dos raros ejemplares mutilados, que se complementan mutuamente. Desde el punto de vista lingüístico, se editó en 1885 en París, y en 1887 en Alençon.
La cartilla para aprender a leer es parecida a las otras cartillas conocidas en lo que respecta al castellano. Es muy diferente en lo relativo al chuchón
La cartilla de la doctrina cristiana (triple: latín, castellano y chuchón) muestra una divergencia entre los contenidos de la cartilla latina y las otras dos que van en paralelo y que incluyen más formularios que los que hay en la latina.
La tercer parte, o Diálogo, llamado también «Preguntas tocantes a la doctrina», tiene el doble texto paralelo en castellano y chuchón. Dispone las cosas en un orden raro:
- preliminares sobre la cruz, y la división de la doctrina.
- parte primera: sobre lo que se ha de orar.
- parte segunda: sobre lo que se ha de creer.
- parte tercera: sobre lo que se ha de cumplir.
- parte cuarta: sobre lo que se ha de recibir,
en tanto que la mayor parte de los catecismos, en España y en América, comienzan por exponer lo que se refiere a lo que hay que creer. Roldán optó por un orden diferente y acaso menos lógico.
Pero si esto constituye una primera sorpresa, todavía reserva otra no menos importante, pues al seguir el texto (castellano) se aprecia un increíble paralelismo, casi milimétrico con el primer catecismo escrito por Gaspar Astete. Éste disponía en 1576 de su catecismo ya redactado, aunque todavía no impreso. En 1580 se publica sustancialmente lo mismo por Roldán en México.
No terminan ahí las sorpresas, porque al cotejarlo con otros catecismos contemporáneos impresos en México, salvo la cuestión ya apuntada del cambio de orden, el texto es prácticamente idéntico en la inmensa mayoría de las preguntas y de las respuestas. Lo he cotejado con el del franciscano Francisco de Pareja, que publicó su Doctrina en México, Pedro Balli, en 1578, bilingüe en castellano y náhuatl; y con la Doctrina Christiana, muy vtil y necessaria, que publicó el agustino Melchor de Vargas en la misma imprenta de México, Pedro Balli, también en 1578. El resultado es sorprendente, pues además de la proximidad puramente externa, la cercanía de los contenidos vuelve a mostrar una identidad básica.
No hay más remedio que llegar a la conclusión de la existencia de una fuente común, de la que todos bebieron y aprendieron, que dio frutos similares en España (Astete) y en México (Roldán, Pareja y Vargas).
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Con la presente ponencia tratamos de resaltar la importancia que tuvo el estudio, en la vida del religioso dominico, desde los primeros tiempos de historia de la Orden (etapa bajomedieval y renacentista), como base de su incidencia posterior en la fundación de escuelas. Pretendemos hacer patente, con testimonios de la época estudiada (figuras significativas), la presencia continuada del estudio en la vida del religioso dominico, como factor que imprime carácter, con continuidad probada durante el tiempo por nosotros estudiado.
Desde la consideración del conocimiento que nos aporta la historia de la educación en dicha etapa, tratamos de llegar a una comprensión del valor que, para algunos pueblos de la Europa bajomedieval, supuso la aportación de la Religión dominica, y con ello el papel que jugaron las circunstancias socio-históricas que enmarcaron el tiempo de fundación de la Orden, así como sus dos primeros siglos de existencia. Resaltamos el valor que en dicho estudio tuvieron, justificando el aprendizaje de lenguas (hebreo, latín, griego, árabe), como base de su vocación misionera. Completamos el trabajo con una breve consideración sobre la importancia que tuvo en la formación de doncellas nobles, la creación por parte de Santo Domingo del monasterio del Pruliano, origen de la rama femenina en la Orden dominica.
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La presente contribución se propone documentar la labor lingüística y traductora de los dominicos en el Reino de Valencia, desde su creación en 1238 por Jaime I hasta la abolición de sus fueros por Felipe V en 1707. La aproximación al objeto de este estudio se realiza desde un enfoque eminentemente descriptivista y traductográfico por medio de tres fases: 1) extracción y registro de datos y materiales, 2) análisis de biografías y traducciones, y 3) interpretación de los resultados. De este modo se pretende dar respuesta a cuestiones como el tipo de traducción practicada por los frailes predicadores, la forma en que llevaron a cabo esa labor, factores contextuales y posibles paradigmas traductológicos. La suma y síntesis de estas consideraciones permite, por un lado, ponderar la importancia de la traducción dominica en la construcción de la cultura y del conocimiento allende estas coordenadas espacio-temporales, y por el otro, asignar a aquellos frailes lingüistas y traductores su merecido lugar en la Historia de la Traducción española.
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La geografía ha sido definida en ocasiones como ‘la ciencia del mundo’. No solo se encarga de la descripción de los espacios terrestres, sino que, a medio camino entre las ciencias duras y las ciencias sociales, también se preocupa por las gentes que se reparten y explotan estos espacios. Como no podía ser de otro modo, la de esta vasta disciplina es una historia de presiones ideológicas y políticas, que buscó a veces legitimarse en corrientes como el darwinismo – y su derecho de los fuertes – o constituirse incluso en instrumento de expansión colonial. En palabras del padre Arellano, autor de al menos tres geografías en los albores del siglo XX, el mundo es “un festín de ocho o diez grandes estados de Europa, América y Asia”.
Los manuales de geografía de este doctor en Filosofía y Letras, especialista en la Divina Comedia, y geógrafo por encargo docente, constituyen una valiosa vía de acceso al modo de pensar y la complexión ideológica con los que nuestro país se internaba en siglo XX, escenario de importantes reestructuraciones políticas, y que sería testigo a un tiempo del vertiginoso ascenso de Estados Unidos, y la confirmación definitiva de la decadencia española.
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El objetivo del estudio que nos ocupa es analizar la obra de Gregorio Ramírez Donoso titulada Gramática elemental de la lengua quiche achi de Rabinal, obra que supone un testimonio lingüístico muy valioso para ampliar y mejorar el conocimiento actual de las lenguas mayas, concretamente del achí rabinal. Esta lengua, hablada en la comunidad de Rabinal (Guatemala), es un dialecto del achí, lengua que, a su vez, deriva del quiché central. De ahí el nombre que el autor, con gran acierto, ha dado a su obra.
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En general, la historia de la traducción en Costa Rica no es un ámbito ampliamente explorado y las pocas investigaciones existentes se centran en la traducción literaria. En cuanto a la historia eclesiástica nacional, no fue hasta 1850 cuando se creó una Vicaría Foránea de la provincia. Por otra parte, en estudios realizados anteriormente por la Universidad de Valladolid sobre la actividad traductora de los franciscanos y agustinos, no se evidencia aporte de este país. Por eso, en el marco del proyecto de «Catalogación y estudio de las traducciones de los dominicos españoles e iberoamericanos» y, en particular, de la celebración de los 800 años de la fundación de la Orden de los Predicadores, surge la inquietud de investigar si existe constancia escrita de la labor intelectual, lingüística, cultural y traductológica de la Orden en Costa Rica.
Sabiendo que el estudio es uno de los pilares de la Orden era imposible pensar que no hubiera prueba documental del aporte de los dominicos costarricenses en las áreas mencionadas, y se tenía la hipótesis de que, en efecto, alguna actividad traductológica debería haberse realizado a lo largo de los 120 años que han transcurrido desde la llegada del primer fraile dominico a Costa Rica.
Se trabajó en un estudio cualitativo de diseño descriptivo mediante documentación obtenida en las bibliotecas nacionales y digitales, además de consultas en el convento de los frailes dominicos en San José, la capital de Costa Rica. Producto de esta exploración, topamos con la obra de fray Antonio Figueras, primer dominico costarricense, traductor de De Magistro de Santo Tomás de Aquino, una publicación de la Universidad de Costa Rica.
En el presente documento se comprueba el aporte intelectual de la Orden de los Predicadores en Costa Rica, poniendo especial énfasis en la exposición y análisis de la obra del padre Antonio Figueras, un legado que forma parte del patrimonio histórico, cultural e intelectual de Costa Rica y de la humanidad.
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